CRISTO DE LA PACIENCIA


Pocos son los datos documentales que han aparecido en los archivos de nuestra parroquia haciendo referencia a esta talla, aunque no se descarta que en un futuro puedan encontrarse más. Lo único que sabemos con certeza es que durante el siglo XVII estaba colocado en la Capilla de San Gregorio (curiosamente la del lado contrario del lugar que hoy ocupa en la iglesia) y que gozaba de una gran devoción entre los feligreses.

Todas las demás consideraciones que se hagan sobre la imagen han de basarse en el análisis artístico para, por medio de este, poder fijar una cronología. Así, se puede afirmar que nos encontramos con un modelo realizado en la primera mitad del siglo XVI que fue repolicromado y colocado en otra cruz en épocas posteriores.

Cristo está clavado en la cruz por medio de tres clavos, con los brazos formando una letra uve poco pronunciada, los pies en rotación interna y la pierna derecha ligeramente adelantada respecto de la izquierda para adaptarse a la postura de la crucifixión. Presenta una anatomía bastante bien realizada, típica de este siglo XVI en el que las corrientes renacentistas están llegando a España por medio de artistas formados en los talleres italianos. Sin embargo a la llegada de estos maestros a España, los gustos renacentistas italianos no terminan de adaptarse dado el gran arraigo de las formas góticas en la Península. Por tanto, han de realizar un arte influenciado por la perfección y la belleza de Italia pero con la expresividad y dramatismo del gusto español. Este hecho es importante a la hora de hablar de nuestro Cristo de la Paciencia, ya que, si su cuerpo como se dijo trata de ser veraz, fiel a las proporciones y buscar la belleza, no ocurre lo mismo en el rostro. Este se presenta con reminiscencias del arte tardogótico flamenco, con gran expresividad y sentimiento, un tremendo gesto de dolor y angustia del que la vida se ha ido hace pocos instantes. El pelo aparece cayendo sobre los laterales de su cabeza en la que hay una corona de espinas trenzada. Este cabello nos da una pista importante, pues se agrupa en mechones simulando estar mojado, característica de muchas obras del siglo XVI que fue puesta de moda por el escultor Alonso de Berruguete.

El paño de pureza es muy corto, abandonadas ya las formas anteriores, cubriendo solo hasta la mitad de los muslos. Este paño había sufrido al igual que el resto de la imagen una repolicromía probablemente a finales del siglo XVII. Gracias a la restauración llevada a cabo el año pasado se descubrió que bajo esta capa se conservaban bastantes restos de la policromía original que pudo reconstruirse. Ésta se basa en formas circulares doradas conseguidas mediante la técnica del estofado, con resultado de gran riqueza. De nuevo esta manera de realizar los dorados del paño nos remite al siglo XVI, ya que en la centuria siguiente este modo de hacer fue prácticamente abandonado.

Por tanto nos encontramos ante una imagen de un gran valor, obra probablemente salida de las manos de un discípulo de algún taller de los influidos por los escultores de primera línea que trajeron a España los gustos del renacimiento italiano. Una obra que luce con gran realce y esplendor el Jueves Santo cuando es portada a hombros por dieciséis penitentes por los rincones más emblemáticos de nuestro barrio y nuestra ciudad.